¿La agresividad humana es un instinto innato o un producto social? Basándonos en las teorías de Lorenz, exploraremos la naturaleza de la violencia y las formas de superarla.
Los seres humanos han sido llamados los creadores del universo, dotados de un intelecto y una razón superiores. Mientras el sol de la mañana salía lentamente y comenzaba a iluminar el mundo, salí a dar un largo paseo. El parque cerca de mi casa estaba tranquilo y silencioso. La luz del sol se filtraba a través de los árboles, tiñendo las hojas de dorado, y una suave brisa me abrazaba. Incluso en ese momento de tranquilidad, de repente recordé las tragedias que están sucediendo en el mundo hoy. Están ocurriendo asesinatos en masa en todo el mundo, lo que me hace cuestionar si los humanos son dignos de su lugar en el universo. ¿Cómo explicamos el hecho de que de todos los animales del planeta, los humanos somos los únicos que representan una amenaza para nuestra propia especie?
El diagnóstico y la prescripción de Lorenz son dignos de mención en este sentido. A diferencia del conductismo como el de Skinner, que enfatiza la influencia del entorno condicionado, él creía que los rasgos más importantes del comportamiento animal son innatos. Considerando a los humanos como animales que han evolucionado, sostuvo que la agresión es uno de los instintos más básicos de los animales y, por lo tanto, los humanos tienen un impulso innato de actuar agresivamente hacia su propia especie. A lo largo de la evolución, explica Lorenz, la forma más unificada de agresión favoreció la supervivencia, por lo que los humanos han desarrollado una fascinación por la beligerancia.
Las observaciones de Lorenz muestran que los animales con garras o dientes letales rara vez matan a miembros de su propia especie. Esto se debe a que los animales fuertemente armados necesitaban mecanismos inhibidores para controlar los ataques a su propia especie para su propia supervivencia, explica Lorenz, y esto se reflejó en el proceso evolutivo. En cambio, los animales menos poderosos físicamente, incluidos los humanos, no tenían necesidad evolutiva de mecanismos inhibidores porque les resultaría muy difícil matar a su propia especie utilizando únicamente su propia fuerza. Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología, los humanos se volvieron capaces de matar, y la agresividad inherente a los humanos que carecían de mecanismos inhibidores se volvió capaz de matar a su propia especie.
¿Por qué no eliminar la agresividad inherente a los seres humanos? Lorenz se muestra escéptico. Por un lado, nuestros instintos agresivos son una de las cosas que nos han hecho quienes somos hoy, tanto positiva como negativamente, por lo que no sabemos cómo nos afectaría eliminarlos, y por otro, incluso si los suprimiéramos tanto como fuera posible, seguirían encontrando una salida. Parecería que no hay esperanza para la humanidad. Sin embargo, a través de este debate, podemos obtener una comprensión más profunda de la naturaleza humana, que puede ser una base importante para resolver el problema de los conflictos sociales y la violencia.
Los argumentos de Lorenz también tienen implicaciones importantes para nuestra estructura social y nuestro sistema educativo. Si no podemos negar el instinto de agresión, necesitamos encontrar maneras de canalizarlo de manera positiva y creativa. Esto requiere educar a los niños en casa y en la escuela para que desarrollen la regulación emocional, la consideración hacia los demás y el sentido de cooperación. Esta educación no consiste únicamente en impartir conocimientos, sino que ayudará a los niños a crecer sintiéndose socialmente responsables y a desempeñar un papel como parte de una comunidad.
Sin embargo, Lorenz es optimista sobre el futuro de la humanidad. Cree que la razón no puede eliminar la agresión humana per se, pero que puede guiar nuestros instintos agresivos en una dirección deseable. La primera forma de hacerlo es a través de la autoconciencia: cuanto más entendamos la naturaleza de la agresión humana, más podremos tomar medidas racionales para redirigirla. A continuación, enfatiza la necesidad de cambiar la salida de la agresión innata a algo más deseable. Esto significa brindar oportunidades para satisfacer el fervor beligerante permitiendo una competencia que no inspire odio.
Además, dice, se deben hacer esfuerzos para fomentar la amistad con personas y otros grupos que de otro modo podrían ser objeto de agresión, y ayudar a los jóvenes a encontrar causas verdaderas que merezcan su tiempo y energía. Con estas prescripciones, Lorenz ofrece la esperanza de que las horribles tragedias de la agresión humana se puedan prevenir.
Además, los desafíos que enfrentamos en el mundo moderno nos recuerdan que la teoría de Lorenz sigue siendo válida. A medida que entramos en la era de la información, la agresión humana también se manifiesta en el ciberespacio, dando lugar a nuevas formas de conflicto social. Por lo tanto, se necesitan nuevos programas educativos e instituciones sociales basados en el enfoque de Lorenz. Esto nos permitirá construir una sociedad más pacífica y armoniosa.
Las opiniones de Lorenz nos recuerdan que podemos soñar con un futuro mejor si comprendemos la naturaleza humana. Aunque no podamos eliminar por completo la agresividad instintiva humana, sigue siendo un desafío válido encontrar formas de canalizarla en una dirección positiva. A través de nuestra razón y sabiduría, tenemos el potencial de controlarnos a nosotros mismos y crear una sociedad mejor.