El Hombre Pensante de Rodin despierta los sentidos a través de sus superficies rugosas y elementos táctiles, invitando al espectador a involucrarse con él más allá de una simple experiencia visual.
El hombre pensante de Rodin, obra del famoso escultor moderno francés, desafía la idea convencional de que la escultura es un arte visual. El hombre pensante tiene una superficie rugosa, ya que el artista utilizó la textura del propio bronce, y no presenta una silueta visualmente perfecta. Como resultado, el espectador que se encuentra con El hombre pensante experimenta la textura rugosa de la superficie en sí. Rodin quería dar vida a la obra a través de la textura natural del bronce, que permite al espectador sentir la escultura de forma más vívida.
La respuesta del espectador a la superficie áspera de una escultura visual sugiere que la escultura ha pasado de ser un arte para la vista a un arte para el cuerpo. La experiencia táctil de responder a la textura de una superficie presupone que nuestro “cuerpo” es un enredo holístico de ojos, manos, nariz, oídos, etc. Esta respuesta invita al espectador a involucrarse con la obra en un nivel más profundo, movilizando una variedad de sentidos además de la vista. Esta tendencia recuerda a la “filosofía del cuerpo” del filósofo francés Maurice Merleau-Ponty.
Merleau-Ponty sostiene que toda experiencia proviene del cuerpo humano. Habla del cuerpo como “lo que mantiene vivo el espectáculo visual, lo anima, lo enriquece interiormente y forma un sistema con él”. Le otorga al cuerpo el estatus de sujeto. No duda ni niega la existencia del mundo, pero ve el significado del mundo como algo que solo puede prolongarse mediante el cuerpo, el sujeto enraizado en él y que lo habita. El cuerpo no es solo una masa física, química y fisiológica. Es la fuente de todas nuestras experiencias y da forma a nuestra relación con el mundo.
Merleau-Ponty relaciona la experiencia del cuerpo con los “fenómenos”, que, para él, son el producto de la objetividad y la subjetividad. Por ejemplo, supongamos que estás viendo la televisión en tu habitación y oyes un sonido metálico que viene de la cocina. Normalmente, describiríamos este evento como un fenómeno centrándonos en el sonido y en lo que lo causó. Merleau-Ponty, sin embargo, cree que un evento solo es un fenómeno si hay un receptor que percibe el sonido. No importa cuán fuerte sea el “ruido metálico” causado por la caída de un plato, si no hay un receptor que perciba la vibración como sonido, no hay fenómeno de sonido. El fenómeno del sonido se crea por la combinación de un objeto, que generalmente llamamos un objeto real, y un sujeto, que es un receptor.
Según Merleau-Ponty, todo lo que experimentamos en el mundo es un fenómeno. Sin embargo, los fenómenos contienen significado. Considera que la ocurrencia de un fenómeno es el "nacimiento del significado". Para explicar esto, Merleau-Ponty utiliza el concepto de orientación del filósofo alemán Husserl. Según Husserl, nuestra conciencia está "siempre dirigida hacia algo". Merleau-Ponty adopta esta noción de orientación y la considera la base de todos los fenómenos y significados que experimentamos, explicando que cuando las personas tienen diferentes experiencias y leen diferentes significados en el mismo objeto o evento, es porque tienen diferentes orientaciones hacia ese objeto o evento.
Merleau-Ponty llama a nuestra respuesta al mundo "percepción". La percepción no es sólo la actividad de los órganos sensoriales o del cerebro, sino la interacción con el mundo como una actividad corporal total. Por ejemplo, imaginemos que estamos mirando un monitor. Siempre miramos un objeto desde un único punto en el espacio y el tiempo. Mi vista tiene partes que se revelan y partes que están ocultas. Lo que realmente veo es la parte frontal del monitor. Sin embargo, Merleau-Ponty dice que en este punto, no sólo percibimos lo que es visible, sino también lo que no es directamente visible, en base a las experiencias acumuladas en el cuerpo. En este punto, los diversos sentidos pueden comunicarse y unificarse, lo que él ve como el trabajo del cuerpo, no puramente del intelecto. Él llama al sujeto que está en el mundo y se mueve hacia el mundo a través de actividades como la percepción "être au monde". Podemos reconocernos como "estar en el mundo" a través de ciertas actividades perceptivas, como experimentar una obra de arte.
El campo en el que se produce la percepción no es un mundo puramente objetivo ni un mundo puramente subjetivo, sino que es un campo en el que la percepción se produce a través del encuentro y la relación entre objeto y sujeto. Merleau-Ponty llama al campo de la percepción el campo fenoménico. En el campo fenoménico, el mundo no existe separado del sujeto que percibe o de sus objetos. La actividad perceptiva es una actividad corporal que precede al pensamiento y, en el momento de esa actividad, el sujeto que percibe participa en el mundo y capta su significado. Desde esta perspectiva, Merleau-Ponty critica la postura de la filosofía cognitivista, que considera el mundo como construido ideológicamente por el sujeto a través del pensamiento.
La insistencia de Merleau-Ponty en el cuerpo como elemento fundamental es un desafío a la tradición filosófica occidental, que ha enfatizado la actividad mental abstracta de la mente humana, o intelecto, por sobre el cuerpo como valor último. La filosofía occidental, hasta la era moderna, ha devaluado el cuerpo humano y ha considerado al intelecto como el valor más alto, pero Merleau-Ponty argumenta en contra de esta postura. Consideraba al intelecto humano sólo como una parte de una actividad corporal más amplia. Esta postura está en desacuerdo con la tradición intelectual occidental.
Para Merleau-Ponty, el cuerpo es el perceptor del mundo y la expresión existencial de la existencia humana. La obra de Rodin, con su énfasis en el cuerpo, recuerda la filosofía de Merleau-Ponty. Rodin transformó la escultura en algo para el cuerpo, no sólo para la vista; sus obras no estaban destinadas a la gratificación visual, sino a crear un espacio que provocara una respuesta corporal específica. Una obra como ésta crea una relación íntima con el espectador. En el proceso de contemplar las esculturas de Rodin, interactuamos con ellas, y esa interacción no se limita a la dimensión visual, sino que incluye una experiencia táctil. Por otro lado, una obra de arte que sólo es visible para el ojo está desconectada del cuerpo, y no es fácil establecer una relación estrecha entre el cuerpo y la obra de arte. El hombre pensante de Rodin es una obra que conecta con la filosofía de Merleau-Ponty en el sentido de que provoca una respuesta en la que el cuerpo es el sujeto.
La filosofía de Merleau-Ponty sigue influyendo en el arte contemporáneo actual. Los artistas no solo buscan la belleza visual, sino que quieren crear una conexión profunda con el espectador a través de su obra. Esto está profundamente relacionado con la filosofía del cuerpo de Merleau-Ponty y demuestra que una obra de arte puede funcionar como un medio para interactuar con el espectador, en lugar de ser solo un objeto visual.