Comportamiento altruista: ¿Es un gesto de verdadera pureza de corazón o una estrategia calculada?

En esta entrada del blog, exploraremos el significado oculto detrás del comportamiento altruista a través de la película *El becario* y la hipótesis de la reciprocidad.

 

Una película reciente ha recibido grandes elogios y se ha ganado el cariño de mucha gente. Se trata de *El becario*, una película que narra la historia de una joven directora ejecutiva que contrata a un becario jubilado de 70 años llamado Ben, y cómo ambos llegan a comprenderse y empatizar con la vida del otro. En la película, el protagonista, Ben, inicialmente se enfrenta a prejuicios y desprecio por parte de quienes lo rodean simplemente por su edad. Sin embargo, gracias a la sabiduría adquirida con su larga experiencia y a su naturaleza considerada que antepone a los demás, Ben comienza a ganarse el aprecio de todos. Finalmente, su dedicación lo convierte en la persona más confiable y responsable en el trabajo.
Como se muestra aquí, el comportamiento altruista del protagonista en la película no solo beneficia a los demás, sino que, en última instancia, también le reporta beneficios a él mismo. ¿Cómo puede un comportamiento altruista, que aparentemente no ofrece ningún beneficio inmediato, encaminar la vida de una persona hacia una dirección positiva? Para responder a esta pregunta, numerosos investigadores han realizado estudios, y una de estas teorías es la «Hipótesis del Altruismo Recíproco». En este artículo, analizaremos las acciones de Ben en la película desde la perspectiva de esta hipótesis y exploraremos el poder del comportamiento altruista.
La hipótesis del altruismo recíproco parte de la idea de que «si ayudo a alguien ahora, eventualmente recibiré ayuda de esa persona o de otra». En otras palabras, en situaciones donde existe la probabilidad de encontrarse repetidamente con otras personas y mantener relaciones en el futuro, el comportamiento altruista —que puede parecer una pérdida a corto plazo— genera beneficios a largo plazo. Por lo tanto, las personas eligen actuar de forma altruista no solo por moralidad o buena voluntad, sino también anticipando recompensas a largo plazo.
En 1984, el profesor Robert Axelrod de la Universidad de Michigan verificó experimentalmente esta hipótesis utilizando el juego del "Dilema del Prisionero". Recabó diversas estrategias de investigadores de todo el mundo y, tras dos rondas de experimentos, la estrategia que arrojó la mayor recompensa fue la de "Ojo por ojo". Esta estrategia se basa en un principio sencillo: si el oponente coopera, uno coopera; si el oponente desafía, uno desafía. Los resultados demostraron que, en juegos repetidos, esta estrategia resultó ser la más estable y la que generó mayores recompensas. En otras palabras, demostró que el comportamiento altruista basado en la reciprocidad repetida es, en última instancia, una estrategia de supervivencia eficaz.
Esta hipótesis se observa no solo en la sociedad humana, sino también en el reino animal. Por ejemplo, los chimpancés tienden a compartir comida con sus congéneres que los acicalan. Otro ejemplo es el espinoso gigante, que se aventura más lejos durante las misiones de reconocimiento cuando su compañero coopera, pero finalmente deja de explorar si este no lo hace. De esta manera, los chimpancés y las grandes anguilas espinosas también deciden si participar en comportamientos altruistas en función de la actitud del compañero con el que se encontrarán repetidamente, lo que sugiere que también ellos han desarrollado estrategias de comportamiento basadas en la hipótesis de la reciprocidad repetida.
La reciprocidad repetida también desempeñó un papel importante en las primeras sociedades humanas. En las sociedades tribales primitivas, existía la práctica de que los miembros que lograban cazar compartían su presa con los demás miembros de la tribu. Esto no era simplemente un acto de compartir; era un comportamiento basado en la expectativa de recibir una compensación de los demás miembros si uno no lograba cazar en el futuro. Este comportamiento altruista, que tiene en cuenta las relaciones con los miembros de la tribu con quienes se convivirá a largo plazo, puede considerarse un ejemplo clásico de la hipótesis de la reciprocidad repetida.
Volvamos al ejemplo de Ben, el protagonista de la película *El becario*. Ben también forma parte de una organización —la empresa— y es muy probable que siga reuniéndose y manteniendo relaciones con sus compañeros. Desde la perspectiva de la hipótesis de la reciprocidad repetida, probablemente sabía que si actuaba con dedicación en ese entorno, eventualmente recibiría ayuda y apoyo correspondientes de quienes lo rodeaban. De hecho, mantuvo una actitud altruista de forma constante y, como resultado, se ganó el respeto y la confianza de todos en la empresa. Este puede considerarse un caso en el que la hipótesis de la reciprocidad explica eficazmente la situación de la película.
Por supuesto, esta hipótesis no puede aplicarse incondicionalmente a todas las situaciones. Para que la hipótesis de reciprocidad sea cierta, deben cumplirse dos condiciones. La primera es que debe existir la probabilidad de seguir encontrándose con la persona que recibe el comportamiento altruista. En los ejemplos mencionados anteriormente, el comportamiento altruista se dio en situaciones donde todos mantenían relaciones continuas con los miembros de la comunidad. Por el contrario, en relaciones donde no hay posibilidad de volver a encontrarse, la probabilidad de comportamiento altruista es baja, ya que no hay oportunidad de recibir una recompensa. La segunda condición es que debe asumirse una cooperación condicional —una respuesta basada en el comportamiento de la otra persona—, en lugar de una cooperación incondicional. Si alguien continúa actuando de forma altruista pero la otra parte no responde de la misma manera, la recompensa esperada no se materializará y el comportamiento altruista disminuirá gradualmente.
Si bien la hipótesis de la reciprocidad repetida no es una solución universal para explicar todo comportamiento altruista, tiene un significado importante, ya que proporciona una explicación válida para la mayoría de las situaciones sociales en las que se produce una interacción sostenida dentro de una comunidad. Al igual que Ben en la película *El becario*, la actitud de cuidar y dedicarse a los demás en la sociedad a la que pertenecemos no es simplemente una cuestión de amabilidad. Es una estrategia de vida que algún día puede beneficiarnos a cambio y puede servir como base para construir una sociedad mejor.

 

Acerca del autor.

Escritora

Soy un "Detective de gatos". Ayudo a reunir a los gatos perdidos con sus familias.
Me recargo con un café con leche, disfruto caminar y viajar, y amplío mis pensamientos escribiendo. Observando el mundo con atención y siguiendo mi curiosidad intelectual como bloguera, espero que mis palabras puedan ayudar y consolar a otros.